Sobre las obras de la carretera Cilleros-Hoyos.

Actualmente se está llevando a cabo el acondicionamiento de la carretera local Hoyos-Cilleros. Lo que ahora mismo se está trabajando en la mencionada carretera se caracteriza más que nada por lo aparatoso y desproporcionado de las obras. Evidentemente, las actuaciones en curso traducen un proyecto a todas luces megalómano y desajustado de pies a cabeza respecto a la realidad natural y social de una comarca como Sierra de Gata que está luchando por la defensa de su identidad desde unas claves de desarrollo sostenible que son incompatibles con este tipo de proyectos.

La respuesta social ha sido escasa. Tal vez se confiaba en que con la movilización y notas de prensa difundidas hace ahora justamente 10 años parecía que los métodos de trabajo iban a enmendarse, pero de nuevo se recuperan, para espanto de propios y extraños. Puede acudirse a las hemerotecas y consultar los diarios regionales entre mediados del 1993 y principios del 1994. Y aunque ahora las respuesta social no tenga los mismos ecos, desde luego estarían plenamente vigentes los argumentos que se dijeron entonces: la manera de actuar es similar en su desproporción.

No sólo se trata de que las obras dispongan del trámite administrativo que supone la declaración de impacto ambiental, sino que el cariz de las obras en sí constituye un ataque directo y sin contemplaciones al medio natural y social de cuyos valores y recursos se alardea en los folletos, campañas y reclamos publicitarios de carácter turístico. Realmente se hace un flaco favor a Hoyos, tan castigado como otros lugares serranos por el pavor de los incendios del último verano. Para las zonas que escaparon a las llamas el proyecto era otro.

Realmente parece mentira que a estas alturas estén en marcha proyectos que no responden a demandas reales de la sociedad y no respeten las condiciones particulares del territorio en que se instalan. Y el caso de esta carretera es paradigmático. Si hace algún tiempo desde Cilleros pudo reivindicarse la mejora de la carretera por cuestiones de atención sanitaria (con el centro de salud en Hoyos) ya no sucede así desde que en Cilleros se dispone de asistencia médica continuada durante 24 horas. Y además existe una alternativa de comunicación realmente más segura por la comarcal EX513 (¿).

El camino vecinal en cuestión discurre por la falda de la Sierra de Santa Olalla, y tratándose de un terreno montañoso obviamente hay curvas, adaptándose a la fuerte pendiente. De hecho el camino se apoya en buena medida sobre una plataforma construida ex profeso que va salvando la pendiente sobre todo en los tramos más abruptos –finca el Campillo, de carácter ganadero-. Es decir que podemos aunar unas difíciles condiciones topográficas y de relieve y un escaso papel en las comunicaciones entre los dos pueblos, que además cuenta con mejores alternativas de enlace. Por otro lado, a nadie se le escapa que se trata de un recorrido de notable atractivo paisajístico porque discurre entre un heterogéneo paisaje de cultivos y robledales, a media ladera de la sierra y con excepcionales vistas panorámicas.

Nos parece que en el mundo rural extremeño existen demandas y necesidades sociales que cubrir mucho más perentorias que transformar los antiguos caminos vecinales, sin duda susceptibles de mejora, en carreteras de proporciones injustificables que no responden a una demanda de uso real. Carreteras que se construyen según unos parámetros técnicos estandarizados por programas informáticos y buscando una compensación de tierras a costa de desmontes que favorecen los desprendimientos, terraplenes de grandes dimensiones debido a la pendiente y dificultades para acceder a las fincas.

Ante estas circunstancias nos preguntamos: ¿Por qué se construye, o mejor, se destruye de esta manera? ¿Qué se persigue con una inversión de fondos públicos tan poco ajustada a las necesidades reales? A quién beneficia este derroche irresponsable, carente de fundamento y poco ético?

Desde luego a la empresa, incapaz de diseñar una respuesta técnica adaptada a las circunstancias que concurren. A la Administración y sus responsables, con técnicos profesionales de los que cabe dudar ante la falta de una adecuada respuesta a un contexto muy determinado –aunque las campañas turísticas incidan en la imagen verde y boscosa de la comarca-. A la administración local y comarcal, incapaz de asumir una postura política clara ante los ruinosos métodos de trabajo de los organismos provinciales, teniendo en cuenta que todos los municipios participan de una asociación para el desarrollo integral de Sierra de Gata, pero con una idea del desarrollo que no debe ser a cualquier precio y un desarrollo que con estas obras parece discutible. A las autoridades regionales competentes, especialmente las ambientales: no pueden caminar a la par el diseño teórico de los espacios naturales y la conservación de las señas de identidad del territorio con políticas de obras tan lesivas, independientemente de que el proyecto haya recibido la declaración de impacto ambiental, como mero trámite administrativo.

ALGUNAS IMPRESIONES: